Fie Hørby habla de la importancia de los momentos de respiro y de no hacer nada en concreto. Pero, ¿cómo podemos conseguirlo en el ajetreo del día a día?
¿Aburrimiento planificado o estar sin hacer nada? Es ese momento tan importante en el que recargamos pilas, estamos ahí y nos mantenemos presentes. Hemos hablado con la terapeuta familiar Fie Hørby sobre lo que el tiempo que pasamos juntos puede significar para la energía de la familia y cómo evitar parecer muertos vivientes en el parque infantil.
¿Qué te parece la vida en una casa de verano?
Cuando nuestros hijos mayores eran pequeños, solíamos ir a una casa de verano en Hornbæk, pero ahora vivimos aquí de forma permanente, y este lugar tiene una energía muy especial. Hemos viajado mucho por Dinamarca, pero desde que nos mudamos a Hornbæk —que, en muchos sentidos, es como vivir en pleno corazón de la región de las casas de verano—, nuestros destinos de vacaciones han sido lugares como Islandia, Estados Unidos e Italia. Mientras que antes buscábamos la gran ciudad, ahora buscamos la naturaleza en estos lugares grandiosos. También vamos a Bornholm cada año, pero no parece que estemos en Dinamarca. Cuando viajamos, nos importa mucho que la experiencia sea enriquecedora y agradable para todos, y en Bornholm sentimos que lo tenemos todo. Hay buena comida, podemos alojarnos muy bien y la naturaleza es preciosa y majestuosa. Creemos que puede resultar difícil encontrar casas de verano en las que no se renuncie a la comodidad, ya que, al fin y al cabo, hemos alcanzado una edad y tenemos una situación económica que hace que queramos que sea solo un poco mejor de lo que tenemos en el día a día.
¿Qué ocurre cuando nos alejamos físicamente de la rutina diaria?
Nunca ha habido tanta gente comprando casas de verano como ahora. Creo que se trata de conseguir un respiro, de alejarnos de nuestro hogar y de la rutina diaria, que está llena de tareas cotidianas: la colada y cosas que hay que pintar, arreglar y limpiar. Para muchos, sobre todo para las familias con niños, el hogar puede estar asociado al trabajo. Siempre hay algo que hacer y todo es un ajetreo. Ya de camino a la casa de verano, tendemos a adoptar un ritmo diferente, porque allí no tenemos tantas obligaciones.
Cuando, como personas, llegamos a un lugar donde sabemos que hay tiempo para relajarnos, el cuerpo también sabe lo que tiene que hacer. La tranquilidad surge más fácilmente por sí sola, ya que los hábitos y los rituales ayudan al cuerpo y a la mente a superar la inquietud. Se convierten en una especie de atajo para transformar la agitación en calma y para sentirnos a nosotros mismos y a los demás.
> Cuanto más profundamente nos sentimos conectados con nosotros mismos, más podemos conectarnos también con los demás. Nos conectamos entre nosotros y sentimos que el amor está ahí.
¿Qué significa para ti el estar sin un propósito?
Para mí, es a través del estar sin un propósito como llegamos a nuestro interior, como nos percibimos a nosotros mismos y como empezamos a entablar conversaciones que la vida cotidiana rara vez nos permite. El ajetreo hace que nos movamos en la superficie de nosotros mismos y de los demás, pero cuando no tenemos que hacer nada y simplemente nos entregamos a la existencia sin propósito, a menudo nos adentramos en otra capa, donde nos sentimos más profundamente conectados con nosotros mismos. Cuanto más profundamente nos sentimos conectados con nosotros mismos, más podemos conectarnos también con los demás.
Nos conectamos unos con otros y sentimos que el amor está ahí. Es aquí donde recargamos las pilas como personas. Y esa conexión puede ser difícil de establecer en el día a día, porque todo va tan rápido y, sencillamente, no se dan las condiciones necesarias. Podemos plantearnos si este ritmo debe continuar, pues cuando no somos capaces de conectar con nuestro sistema nervioso y sentir la calma, en realidad sufrimos. Es ahí donde aparecen el estrés, la ansiedad, el vacío y la falta de sentido. Es el contacto con quienes amamos lo que nos da sentido. Es sencillamente fundamental para nuestra alegría y vitalidad que recarguemos las pilas. Tendemos a olvidar qué es lo que realmente nos da alegría de vivir.
> Si no se tiene el valor de aceptar la inquietud que surge y la inquietud que se apodera de nosotros, se pueden inventar todo tipo de proyectos y seguir adelante sin conectar con uno mismo, porque es más fácil permanecer en ese estado que en la inquietud.
¿Por qué es tan importante encontrar la paz interior?
Cuando alcanzamos la paz, percibimos algo nuevo y pensamos de forma diferente. Podemos acceder a unas fuerzas creativas que quizá no sabíamos que teníamos o con las que llevábamos mucho tiempo sin estar en contacto. Esto también lo vemos en los niños: se adentran en juegos mucho más profundos, en los que realmente se nota que están absortos en el juego. Y si hay varios niños, se unen en juegos que pueden durar horas.
Puede que nos cueste un poco conectar con nuestra propia creatividad tras un periodo marcado por el ajetreo y las prisas. En ese estado, nos cuesta encontrar la tranquilidad y dejarnos llevar por el calor de la familia. Antes de alcanzar la calma, debemos atravesar un periodo de inquietud. Una inquietud en la que nos puede resultar difícil conectar con nosotros mismos y con la familia; aquí es fundamental que nos sumerjamos en el estar sin propósito, aunque la inquietud a menudo intentará obligarnos a volver a la marcha acelerada. Si uno no tiene el valor de aceptar la inquietud que surge y la agitación que se apodera de uno, puede inventarse todo tipo de proyectos y seguir adelante sin conectar consigo mismo, porque es más fácil estar ahí que en la inquietud.
> Lo que vemos hoy en día es que el ser humano moderno presenta un desequilibrio bastante grande entre el «hacer» y el «ser», porque, en general, hacemos mucho más de lo que somos.
¿Qué entiendes por hábitos y rituales?
Es como cuando vas a yoga. Ya desde el momento en que entro y despliego mi esterilla, noto que me centro un poco más en mí misma, y después de la clase suelo estar en un lugar completamente diferente, porque el yoga nos ayuda a mí y a mi cuerpo a bajar el ritmo. Y lo mismo ocurre cuando nos vamos a una casa de verano. Sabemos que vamos a hacer algo tranquilo, y eso ayuda al cuerpo a adoptar un ritmo más pausado. Cuando pasamos del «hacer» al «ser», ocurre algo muy especial. Lo que podemos observar hoy en día es que el ser humano moderno presenta un desequilibrio bastante grande entre el «hacer» y el «ser», porque, en general, hacemos mucho más de lo que somos. Es importante centrarnos en el «ser» sin propósito, que también forma parte de la atención plena, el yoga y la meditación. No recargamos las pilas como es debido porque nos falta ese «ser» sin propósito.
¿Pueden los respiros crear espacio para el «ser» sin propósito en la vida cotidiana?
Sí, sin duda. Es algo en lo que trabajamos con nuestros alumnos en el Blackbird Institute. Debemos crear vidas sostenibles. Muchos de nosotros nos hemos visto arrastrados por una corriente de lo que vemos que hacen los demás. Vemos que la gente va a trabajar de 8 a 16, se mata a trabajar, acude a todos los eventos relacionados con los niños, ve a amigos, a la familia y celebra los cumpleaños de los niños, lleva a los hijos a sus actividades extraescolares y, al final, nos quedamos sin aliento porque todo esto es simplemente demasiado. La forma de crear esos respiros es analizar realmente nuestra vida y preguntarnos: «¿Cómo quiero vivir mi vida, en realidad?».
En nuestra sociedad hay una tendencia a trabajar sin descanso durante la semana y, como no nos creamos momentos de respiro entre semana, al cuerpo le cuesta mucho tiempo volver a un estado en el que podamos conectar unos con otros. Para crear momentos de respiro en el día a día con niños pequeños, es buena idea dejar que tanto tu cuerpo como el de tu hijo bajen el ritmo por completo. Podemos hacerlo poniendo música suave al llegar a casa, tumbándonos en el suelo; y ahí, a menudo veremos que nuestros hijos, de forma totalmente natural, se acercarán y se tumbarán encima de nosotros. Los niños se sincronizan con el sistema nervioso de sus padres, así que si nos relajamos juntos, respiramos juntos y nos conectamos físicamente allí en el suelo, a menudo también podemos evitar lo que antes llamábamos «la hora del lobo». La hora del lobo se debe a que los niños están sobreestimulados y no se les ha regulado adecuadamente a lo largo del día. Ese respiro se consigue cuando nos tomamos el tiempo para regularnos a nosotros mismos y a nuestros hijos. Debemos calmarnos, respirar hondo, dirigir la atención hacia nuestro interior y conectar con nosotros mismos; solo entonces podremos conectar entre nosotros.
¿Cómo lo hacéis en vuestra casa?
Para mí, personalmente, esto significa que no trabajo cinco días a la semana. Me cuesta mucho tiempo volver a encontrarme a mí misma, por eso para mí es importante tener una semana laboral más corta y disponer de algunos días en los que trabajo desde casa. Me gustaría poder pasar muchas horas con mi hijo, sin que tengamos que hacer nada, sin estar delante del ordenador, sin que yo esté al teléfono, precisamente para que podamos conectar el uno con el otro. Siempre damos prioridad a cenar juntos con nuestros hijos mayores. Le damos mucha importancia a la comida, y a menudo la preparamos juntos, cenamos durante mucho rato y fregamos los platos juntos. Sabemos que tenemos tiempo para hacer algo juntos que nos une a diario.
Las transiciones parecen ser importantes. ¿Cómo las cuidamos?
Las transiciones son momentos delicados para nosotros como personas, y les prestamos muy poca atención. Cuando recogemos a nuestros hijos, salimos del trabajo, pasamos de la rutina diaria al fin de semana o del fin de semana a la rutina diaria… Estos cambios, de hecho, exigen un esfuerzo al cuerpo. No podemos pasar así, de repente, de un ritmo acelerado a uno lento. Hay una transición, y esta puede suavizarse asegurándonos de crear equilibrio en el día a día. No sirve de nada que solo lo hagamos los fines de semana. Es como cuando se bucea. Tenemos que salir a la superficie y tomar aire antes de poder volver a sumergirnos. Esas pequeñas pausas a lo largo del día tienen un efecto realmente grande. Dicho esto, puede resultar difícil, porque tenemos una cultura en la que se nos valora por ser eficaces, por lograr mucho y por mantener el ritmo, pero resulta perjudicial para nosotros si no nos acordamos de recargar energías y tomarnos pausas de forma regular.
> Cuando no tenemos ese contacto, no nos percibimos mutuamente ni nos preocupamos por cómo se encuentra el otro, empezamos a vivir en paralelo. No somos capaces de apreciar el valor de nuestra relación, y es entonces cuando podemos empezar a tener dudas.
¿Cómo afecta a la familia y a la pareja el hecho de que nos demos un respiro?
Como ya he mencionado brevemente, los respiros en nuestro día a día nos permiten conectar y sentirnos mutuamente. Cuando no tenemos ese contacto, no nos percibimos el uno al otro ni nos preocupamos por cómo se encuentra el otro, y entonces empezamos a vivir en paralelo. No podemos percibir el valor de nuestra relación, y es entonces cuando podemos empezar a dudar: de nosotros mismos, del otro y de si somos buenos padres para nuestros hijos. El cuerpo anhela el contacto, la cercanía y la ternura cuando pasamos mucho tiempo sin ellos. Nos sentimos abrumados porque no percibimos el amor, y entonces tampoco podemos afrontar todo con la misma entereza, ya que no recargamos las pilas con ese «estar» sin un objetivo concreto. Es, sencillamente, la sensación de conducir con el depósito vacío.
Dices que es como conducir con el depósito vacío, pero ¿cómo se cambia eso en la práctica?
Si estoy un poco cansada o de bajón, siempre me ayuda poner música y bailar en el salón. Eso siempre cambia la energía en cuestión de minutos. Buena música, al ritmo de la cual simplemente nos movemos juntos, y así entramos en un buen ambiente. Eso siempre deja a la familia con un estado de ánimo diferente al que teníamos al empezar. También creo que es por eso por lo que las camas elásticas se han vuelto tan populares. Sales y te mueves con los niños, y eso a menudo te lleva a un estado de ánimo más animado y optimista. A veces creo que hay que buscar algo más que el ambiente tranquilo; puede ser saludable hacer algo que aporte energía a la familia. Las camas elásticas invitan al entusiasmo, a la energía y a las risas. Pero también se trata, en todo momento, de encontrar un equilibrio entre ambas cosas.
¿Qué es importante tener en cuenta para establecer el contacto?
Cuando, como padres, hemos estado a mil toda la semana, podemos tener la tendencia a querer hacer todo tipo de cosas con nuestros hijos: hay que mimarlos de verdad para poder tener la conciencia tranquila. El problema es que a menudo acabamos en situaciones que ni siquiera a nosotros nos parecen divertidas, y los niños lo notan.
Por eso, se trata de descubrir qué es lo que a nosotros, como adultos, nos da energía. O de decidir lanzarnos a ello y hacerlo con ganas. Esto crea un contacto positivo y presente en el que los niños se reflejan. Si, por el contrario, los niños no perciben nuestra presencia, veremos que buscan el contacto, y entonces no hay condiciones para que la actividad resulte agradable. Los niños se volverán pegajosos, molestos y lo que se haya planeado ya no les parecerá suficiente. Lo que nuestros hijos echan de menos en realidad es nuestra presencia. Notan que el adulto no está presente, y eso les hace sentirse inseguros. Para los niños es fundamental poder sentir el contacto con nosotros. Los niños querrán participar en todo, siempre y cuando puedan sentir que los adultos están contentos y presentes.
La cuestión es que no importa tanto lo que hagamos juntos, ya sea arreglar la bicicleta, jugar con cuentas, recoger castañas o dibujar. Lo importante es que no nos quedemos al margen, de pie en el parque infantil, ausentes, como muertos en vida. Eso no les aporta muchas «vitaminas».
Escrito por Camilla Wegener
diciembre de 2021